El día de ayer llegue a Orizaba. Salí titiritando de frío de Puebla a las 8 de la mañana con destino harto desconocido, después que me avisaron con un día de antelación que me iba.
Llegue a las 10 de la mañana con ganas de “llegar”. Lo primero que me pego fué el cambio de clima. Es como si hubiera salido huyendo del frío, y fué delicioso.
Lo siguiente con lo que me topé fue con la ciudad en sí. Es una ciudad como las del sur, como Veracruz… como recuerdo de mi casa. Es un poco más informal y con un aspecto más como a pueblo. Me siento cómoda y en realidad me gustó.
El taxista me llevo por no se qué recovecos y pasé frente a el Palacio de Hierro. Me estoy prometiendo que la próxima vez tengo que tomar un café ahí. También tomaré fotos.
Llegue a Ixtaczoquitlan (todavía tengo que checar antes de poderlo pronunciar) y me parecieron graciosos los flamingos a la entrada mirando a un chorro de agua.
Creo que si, la próxima que venga vez trataré de darme un tiempo para recorrer la ciudad.
No he escrito nada parecido hasta el momento.













