Después de dejar el pueblito y a Doñ’Angela, siguió un periodo en el que la vieja lavadora “chaca chaca” se rompio… así que hubo que comprar una nueva. Antes de eso, y como novedad, era mi mamá (+papá) la que lavaba la ropa, así que comenzamos a estar más interesadas en el proceso, el que era bastante cansado… y por lo mismo mi mamá ya no aguanto, lo mismo que la lavadora y mi papá terminó comprando un nuevo modelo, de esos que ahora hacían todo. Cuando terminaba el ciclo lo único que había que hacer ahora era sacar la ropa y comenzar el proceso de tendido, en el que todos nos involucramos. Lavar la ropa se convirtió ahora en un proceso “familiar” y súmamente democrático (-Te toca a tí, yo lave los platos -Pero yo barri la casa, te toca a tí).

También comenzó el periodo en el que mi madre pasaba las tardes de los fines de semana planchando frente al televisor. Recuerdo que también para esa temporada comencé a aprender a planchar y mi triunfo eran las rayas de los pantalones.

Recuerdo también que poco a poco las cantidades de ropa fueron disminuyendo. Al principio una de mis hermanas salió a estudiar a Puebla, y luego fué la siguiente. Al final sólo quedamos mis papás y yo.

Eso fue hasta que finalmente yo también me mude…

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