El estado premestrual y ansioso nunca es bueno para convivir con uno mismo. Lo admito después de que por años sucede y sucedo en cambios de humor inexplicables que vienen a explicarse unos cuantos días después. Suceden desde sentimentalismos extremos aunados con furias incontrolables y deseos colorados al mirar cualquier trapo. Estoy callendo en la conclusión de que mis demonios son tan sólo la interpretación que mi cuerpo le dá a ciertos días. Tal vez esos días son los más insoportables de mi existencia, y sin embargo son a veces los que suceden en problemas.

¿El día de mi boda será uno de ellos?
Muy al contrario de lo imaginado, nunca me puse a pensar en ello cuando fije la fecha. Me caso un 12 de julio de 2008, cuando por años la única fecha que quise para ello fué el mismo 11 de diciembre cumpleaños de Agustín y mío, fecha cabalística (y un mucho de intento por minimizar al máximo las fechas festivas en mi vida).

Números.
Contra la costrumbre, aunque no caigo en lo esotérico, tiendo a buscar patrones, y nada mejor para formar patrones que los números de mi vida. TRES. Tres siempre ha sido el número de mi suerte. Es el número que me ha seguido y así como él me sigue, yo lo sigo. Por ejemplo: en los autobuses, siempre intento ir sentada en un múltiplo de 3. Mis números de lista durante la escuela siempre fueron múltiplos de 3. En mi familia somos 3 hermanas. TRES. El número 12 es un tres en realidad. Por ello elegí ese día. Espero que cargue consigo algún otro significado… aunque, con una boda y una promesa de tal magnitud, no sé qué mas estoy esperando.

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