La semana ha sido de madrugadas a las 8, hace tiempo que levantarme a esta hora no pasaba a ser mas que un mal día, y aunque mi asignación queda a 5 minutos de mi casa, debo decir que espero el fin de semana.

Resumiré mis planes en sólo una palabra: dormir.

Las sorpresas de mis días siguen siendo obra de mis perros. Cada día al abrir la puerta me resigno anticipadamente a levantar aquello que hayan considerado juguete por un día: papeles, almohadas, muñecas, comida, recibos.

El Killer ha pasado a ser una masa aforma de pelos. Me rehuso a llevarlo al peluquero, me quedaré sin muñeco abrazable, aunque eso de abrazable no le agrade mucho a él.

Mis días pasan.
Debe haber algo que rompa la monotonía.

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