Mi abuelo fué una persona de aquellas que podrían decirse encantadoras. Por mucho que supieras que hacía mal sencillamente era imposible resistírsele.

Una historia que no sé si me inventé o si realmente existió fue el cortejo de mi abuela. Según sé en aquellos tiempos las muchachas solían ir a caminar al centro siempre dando vueltas hacia el mismo lado y los varones siempre dando vueltas hacia el lado contrario, de esta forma podían conocerse y entablar pláticas escuetas. Según mi escasa memoria, mi abuela le dijo a mi abuelo que dejara de hablar con ella, porque su madre no lo iba a aprobar. Cuando vió que el abuelo con una enorme sonrisa se acercaba a hablar con su madre y su madre aprobaba el que la cortejara no fué sino obra de su enorme sonrisa.

Sin embargo mi abuelo era un hombre enamorado, y no necesariamente de una sola mujer. Aunque ahora que lo pienso, probablemente eso se debiera a que le encantaban los niños. Tal vez su afan por encantar no fuera otro sino el de tener mas y mas niños con los que jugar.

Cuenta mi madre que todos los días en la tarde ella se daba un baño y se arreglaba lo más bonita que podía tan sólo para ser bella para él. Ella salía todos los días y le preguntaba cómo se veía y el tan sólo contestaba “Bella mi madre, bella”. Cuando mi abuelo abandonó a mi abuela ella nunca lo pudo perdonar. Hace unas semanas todavía la vi llorando por eso. De cierta forma mi abuelo no solo abandono a su esposa, sino que los abandonó a todos.

Cuando supe que mi abuelo se había ido de la casa fué una pérdida espantosa para mí. Yo tambien lo adoraba. Al principio vivía en la segunda planta, o aquello fué lo que me dijeron. Le hice una carta diciéndole cuanto lo quería y se me rompió el corazón cuando pasaban las semanas y la carta seguía en el suelo donde la había dejado para que sólo él la viera. Así supe que mi abuelo se había marchado.

El día de mis quince años fué uno de los mas bonitos, tan sólo porque pude verlo. Llore y lo abracé.

A veces cuando iba al centro caminaba cerca de los lugares que él frecuentaba, el café de los viejitos y el domini club, con la esperanza de verlo, pero nunca me tocó. Mi hermana dice que ella si lo vió bastantes veces. Creo que aquella maña mía de mirar arrugas y considerarlas hermosas es porque lo extrañaba tanto.

Y lo voy a extrañar todavía mas.
Mi abuelo murió el viernes.
Yo adoraba sus arrugas.

No he escrito nada parecido hasta el momento.