Afirmo la naturaleza diabólica de un café mañanero que es capaz de borrar lagañas y desvelos a las 8 de la madrugada, porque en lo que a mí respecta me he convertido en un ente burocrático que se presenta después de las 9 a la oficina, y lo confirmo al beneficiarme de sus remedios maravillosos desvanece-dolores-de-cabeza-y-aburrimiento-de-muerte alrededor de las 6 del día, porque como todo ente burocrático he aprendido que todo aquel que entra tarde sale mucho mas tarde…

Contar papelitos no se ha convertido en la misión de mi vida, aunque enmedio de la enésima carpeta que subo y bajo del mismo recopilador lo comienzo a dudar, pero los remedios y pociones sustitutos y alienígenas, porque no encuentro otra naturaleza orgánica, comienzan a integrar mi vida cotidiana de una forma simbiótica, o parásita… pero claro, el parásito en esta fórmula experimental soy yo.

Mi adecuado y diario comportamiento depende de que todas las mañanas ingiera un buen café, aunque si es malo también puede funcionar con resultados algo inesperados, eso en caso de no haber dormido a pierna suelta hasta que mi organismo hizo a bien despertar por sí mismo o en su defecto… no haber tenido una noche de perros y carreras en la oficina. A eso de medio día iré por mi segundo café, por mucho que me agrade criticar a las personas que antes de las nueve de la mañana vayan por su tercero, me imagino que de continuar con este ritmo de vida y trabajo en unos cinco años estare rogando por alguna droga que me golpee mas fuerte… Para continuar con el día consumiré azucar, puedo presumir de haberla dejado el año que mi padre se convirtió a la diabetes, como religión de pantaloncillos cortos y dietas a base de fruta, pero en lo que respecta a esta última asignación no he podido cerrar la boca… veo con ojos maliciosos la engrapadora del vecino, pero imagino que el contador no querrá volver a dirigirme la palabra si amenazo con ella al dulcero y me engrapo el pico… Y finalmente, en caso de lujuria laboral extrema, ya enmedio del despacho preguntaré si alguien me acompaña con el antojo de un refresco de cola, con azucar por supuesto, para aparentar que mi comportamiento es del todo normal, y no el fruto de una adicción.

Ya imagino que esto de hechizos y maleficios todavía no da nota, pero ¿qué es un moderno alquimista sino un químico farmaco-biólogo que juega a ser dios y por piedra filosofal tiene ese utópico producto que se comercializará mundialmente y cuya fórmula los chinos nunca podrán copiar? Los demonios de la publicidad darán la pauta y en vez de ser el típico filtro de amor y elixir de la juventud, nos encontraremos consumiendo perennemente paliativos que dicen dar resultados, y que lo único que nos producirán será una pasajera felicidad producto del desembolso y una que otra verruga, contraindicación que todavía se está investigando.

Y la pasión… no es el trabajo, lo juro.
Pero si no me hago la vista gorda con mi vida, dentro de poco estaré usando la horca de barbie que mi padre instaló la semana que a mi hermana le dió por pasear un cable de red, cual perrito, por toda la casa.
El cable tuvo un digno funeral.

No he escrito nada parecido hasta el momento.