No existe futuro cuando se corre todo el tiempo.

Me encuentro en descanso, esperando en la base, mientras que comienza el juego perenne de esta semana. Es difícil esperar sentada, haciendo aquello que todo el mundo dá por sentado que debes de hacer, y sin tener noción de qué es aquello que todo el mundo dá por sentado y que nunca se te avisó.

Trato de no llamar mucho la atención mientras no hago nada, despistar furtivamente al vecino mientras contesto animada el teléfono y sigo pasando llamadas.

La gripa y el flujo no me ayudan en mucho para desaparecer en las paredes, constantemente se escucharán mis estornudos y mis continuos intentos por despejar de una vez por todas mis vías respiratorias… las cuales seguirán tapadas hasta que todo se apiade de mí. Tomé pastillas… señor, ¡tomé pastillas! Era tanto lo que se preocuparon por mí que terminé ingiriendo drogas… y yo que prefiero mil veces que la gripa tome su curso de siempre, que prefiero sufrir la gripe y hacer partícipe al vecino, mientras que con una resortera voy tirando pequeños focos de infección.

No hay motivo para quedarse y apenas son las 12… El correo no se apura y mis citas todavía no se dan. Para las 5 de la tarde me encontraré escribiendo acerca del porqué no se me ha escrito aún… continuaré subiendo y bajando escaleras buscando encargados a quienes aún no haya atormentado.

La vida de la oficina es una selva… y los lunes son días de caza oficinal.

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