Enrique Serna

Arrumbado en el escritorio de mi hermana yacía un libro, comenzado y vuelto a comenzar, acomplejado por los tiempos de lectura (claro, ahora yace dormido en mi ropero en Villahermosa, no es mucha diferencia). Propiedad de mi cuñado terminó por caer en mis manos.

El orgasmógrafo y otros cuentos, debería ser su nombre, ya que orgasmógrafo es tan sólo uno de tantos cuentos, crueles cuentos, negros cuentos, tan negros de humor que sonríes al reconocer lo normal de las situaciones extraordinarias, tan normales que parecería ser la libreta de notas de la chismosa de la esquina. Un vistazo morboso y moroso (porque fué prestado y aún no hay vuelta) de tantas y tantas vidas comunes con salidas afortunadas, que no moralmente correctas.

Los vicios del género humano, anteponiendo el bienestar propio o la estupidez ante el teatro del mundo como credencial. Un poco de morbo al mas puro estilo humano para contrarrestar la vida propia y reírse de los demás (y de uno a través de ellos).

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