No sé si es porque cuando era niña el cine no existía para mí y las películas eran en casa… o porque concordando con todos aquellos que se han atrevido a comunicar su crítica… el cine estos últimos tiempos apesta.

Probablemente se deba a que desde hace unos años (una década quizá), el cine se ha convertido en poco mas que algo obligatorio de los fines de semana. Debo admitir que durante dos o tres años mi rutina sabatina consistía en la película de la semana y luego un café. Nada raro para muchos, y sin embargo tan distinto a todo aquello que se usaba.

El cine encontró un mercado y el mercado lo adoptó a la buena, a como venía y con lo que trajera.

118.jpg

Pero últimamente eso de dar “lo que sea” se ha vuelto un destajo.

En lo particular soy fanática de las historias sencillas y si acaso cotidianas. Lo admito, también de las muy fantasiosas y de ciencia ficción. En lo particular casi no le pongo pero a nada, siempre y cuando la película sea lo suficientemente buena. Esto lo puedo medir por el sentimiento que me queda una vez que salgo de la sala.

Este año las producciones del otro lado del planeta son las que me han ganado. Con mucho orgullo diré que prefiero a Jackie Chan y sus repetitivas historias humor/ficción/golpes, mientras no haga mancuerna con otro actor. Este fin de semana, después de un retiro de mes y medio de la pantalla volví a encontrarme y a flotar mientras soñaba.

Kung Fu Hustle (toda una confusión) y Howl’s Moving Castle son mis recomendaciones. Mil veces mejores que cualquier otra cosa en el cine por el momento.

Otras entradas parecidas:

  1. Rediseñando mis perspectivas
  2. Amores, Berrinches… Nada nuevo el dia de hoy.
  3. Propositos de año nuevo.
  4. Lo nuevo de este año