Desde Puebla regresé a Villahermosa, en Villahermosa seguí con las actividades a tope… antes de que terminara la semana me largué de retache hacia Cuernavaca y para el lunes andaba ya sacando la lengua, pero esto todavía no acababa.

Esa semana comencé a ir al trabajo, aunque no me pagaran (o eso pensaba). Seguí con trámites escolares, mi última racha. Y seguí y seguí y seguí…

Pero en algún momento tenía que aflojar el paso… y ese instante, saben, es el que esperan todas las enfermedades para reponer el que tus defensas hayan estado bien todo un año.

Este lunes noche comencé con las amígdalas… estoy a base de chochos y finalmente creo que bajaré de peso, ya que no soporto tragar nada. Tengo la garganta irritada y paso las noches en vela debido a las molestias. Que si no es el calor es el frío, que si me pega directamente el aire se me seca la garganta, que el moqueo, que no respiro, que necesito tragar y no trago… y me la paso en duermevela en una posición casi sentada con tantas almohadas en mi espalda.

He terminado dos libros, los cuales todavía no incluyo en el blog de Lecturas, pero ya llegará el tiempo.

Tengo comenzados otros cuatro mas… me la he pasado entre el televisor y los libros (aunque para ser sinceras uno de los cuatro no me agradó y creo que lo borraré de la palm).

Mi perro, según mi padre, está enamorado de mí, ya que no me deja ni a sol ni a sombra… excepto a la hora de la comida que no hay alma que lo aparte del plato. Eso es lo que he logrado por estar tanto tiempo en casa.

Reposo, es lo que dice el Doctor Gonzalez. Reposo es lo que tengo. Me la paso enviando mensajes a Agustín por medio del celular y me he quedado sin crédito. Pero bueno, creo que es hora de mis pastillas, nos vemos, hasta luego.

No he escrito nada parecido hasta el momento.