Hablo de mis noches porque noches son lo único que tengo. Porque mis días están vendidos entre la realidad y lo pueril. Porque las luces no me permiten esconderme en mis lecturas, en mis rincones, en lo pagano de lo absurdo que creo y siento. Porque mis noches son gentiles y me acarician suavemente mientras me arrullan entre la lluvia.

La otra noche logré tomarme el tiempo suficiente para tomarle fotos a la luna mientras mi perro corría alrededor mío como poseso, aunque ciertamente en las noches de luna mi perro siempre corre como poseso.
Creo que en esos momento es un pequeño lunático.

La luna siempre me ha interesado. Las leyendas que más me gustan siempre hablan de ella, y en las noches muy claras busco el conejo empotrado en ella. En mis noches, desde agosto, me gusta buscar marte: un punto rojo que se vislumbra como un agujero en el cielo. La primera vez que lo ví me tomó por sorpresa, estaba casi sobre la luna e imaginaba yo ilustraciones extrañas de mundos con dos lunas.

Creo que necesito sacar mas fotos…

No he escrito nada parecido hasta el momento.