Todas las tardes antes de que el sol se ponga miro al cielo un momento. Y mirando mirando me encuentro soñando. Divagando en posibles infinitos y sueños indistintos.

Pensando en tal vez cien y mas cosas que todavía no encuentro entre mis manos. Pensando en tal vez mucho más de lo que alcanzo a abarcar completamente.

Cada tarde antes de que se ponga el sol miro las nubes y añoro los momentos en que no tenía que estar en ningún otro lado mas que tumbada observándolas, cuando la vida transcurría tan despacio que era posible y permisible la pausa. Una pausa que a veces parecía ser eterna, aunque no lo fuera… era eterna porque eternamente la añoro.

Esos sueños que tiene una cuando el día va muriendo.

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