Este fin de semana lo seguí caminando, he ido a visitar a mis hermanas (y he visto al Arbol nuevamente).

El sábado me han dado un recorrido relámpago por la ciudad de Puebla y me he enamorado de sus viejos edificios y de sus calles. De sus parques y sus jardines. De la facilidad con que vives en ella y lo cerca y sencilla que se siente la vida.

Vi el sol, la luna, nubes de tormenta, muchísimas nubes contrastándo con el sol y no me he cansado de querer seguirla recorriendo. Me he cansado ciertamente de recorrerla, mis dos inexpertos guías (Gibran y Luz) todavía no han entendido que eso que hicimos no fué disfrutar la ciudad… y que llevarme corriendo por todos lados no fué ningún logro. Pero estuve con ellos.

Este fin de semana vi a mis dos hermanas… y me dió gusto saberlas bien y saber que finalmente se llevan bien. Que hacen sus pequeñas juergas y guerrillas en contra de los vecinos. Que mis perras viven una vida muy tranquila y que a su modo también disfrutan de la casa.

Me dió gusto saber que no están solas, que hay gente que las acompaña y que las quiere… que a su muy personal forma tienen tantas cosas que hacer y que se les van las horas.

¿La foto? fué de las pocas que mi par de guías turísticos me permitieron tomar.

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