Me mira en las mañanas desde mi cama con una cara que dice “quedate a dormir otro ratito”. Y sin embargo es hora de levantarse y lo hace conmigo. Se despereza entre las sabanas y me mira haciendo los ultimos arreglos antes de salir… puedo decir que es un observador educado ya que no hace ninguna observación malintencionada y siempre sigue atento todo lo que hago.

Juega a que no me vaya, y a veces juega a que lo lleve. Mientras entramos y salimos de la casa alternativamente tratando de que me quede esta vez perdemos unos minutos… aunque finalmente me voy.

Claro, cuando regreso encuentro que se ha desquitado por eso… me mira con las orejas gachas y yo busco su nueva sorpresa del día de hoy. La de ayer fué haber aprendido a abrir mi ropero… todos mis zapatos estaban gracílmente desperdigados por la recámara, el baño, las escaleras e incluso en la sala… qué haré con él.

Por las noches caminamos, caminamos mucho y él a veces corre. Es un niño todavía y le gusta encontrar el césped alto para aventarse contra él y jugar a ser conejo mientras salta. Esas son noches que él ha de disfrutar, cuando salta y corre por el parquesito cercano a la casa.

Ya después regresa a casa conmigo. A veces él se cansa primero, a veces soy yo… cerramos todos y juntos nos vamos a la cama. Discutimos ambos por la misma almohada aunque finalmente yo termino siempre con ella… él acomoda las sábanas a su gusto, a veces duerme bajo ellas, otras veces no le importa. Pasea mucho hasta encontrar que le ha vencido el sueño…

Y a veces en las noches sueña…
Es mi pequeño cazador de sueños… el demonio personal que tengo en mi casa.

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