A veces el amor tiene caricias
frías, como navajas de barbero.
Cierra los ojos. Das tu cuello entero
a un peligroso filo de delicias.

Otras veces se clava como aguja
irisada de sedas en el raso
del bastiro: raso del lento ocaso
donde un cisne precoz se somorguja.

En general, adopta una manera
belicosa, de horcadas y cuchillos,
de lanza en ristres o de falcón en mano.

Pero es lo más frecuente que te hiera
con ojos tan serenos y sencillos
como un arroyo fresco en el verano.

Antonio Carvajal
De: De un capricho Celeste

A veces las cosas no son lo que parecen y suceden de la forma menos esperada…
A veces tan sólo se apartan del rumbo y otras tantas parece que nunca cambian…

A veces pareciera malo viajar tan sola… y sin embargo los viajes terminan siendo estupendos. Terminas teniendo tiempo suficiente para pensar en lo que mas añoras y te vas dando cuenta de que las cosas cambian… y de que eventualmente debes llegar a las metas.

A veces no es bueno ver cómo la gente pierde el juicio en estúpidas convicciones, y le hace daño a la gente que más quiere. Y no es bueno ver llorar a nadie, y mucho menos si es tu padre… aunque en esta ocasión seamos los dos un par de desterrados del cariño maternal. Hemos viajado kilómetros y kilómetros de distancia solos, y me doy cuenta que con el tiempo me voy pareciendo mucho más a él. Y disfruto manejar en carretera tanto como él. Y es gratificante darse cuenta de que me tiene la confianza y me cede el vehículo.. y de que aquellas indicaciones que antes hacía, ahora son más fugaces… me tiene confianza.

A veces es bueno correr a 140 kilómetros por hora y reír tan sólo recordando y terminar con calambres en los brazos, porque todavía no te acostumbras a correr y mantienes en tensión los brazos mientras sientes cómo el viento pega cuando rebasas.

A veces llegan cosas buenas después de las malas…

A veces es bueno ver que tengo las cosas justas y necesarias… y otras tantas pienso en las distancias… en los viajes… y en todas aquellas historias que tenía para “después”.

Siempre he pensado cuánto me gustaría recorrer esas mismas distancias y tener el tiempo suficiente para detenerme y contemplarlo todo, hasta que me lloren los ojos de tanto espacio de tanta luz y de tanto verde.

A veces en las noches que me pongo a mirar el cielo recuerdo que no hay otro cielo como el de la carretera… en donde las luces no existen y todo lo que vez son luna y estrellas… es entonces donde realmente notas qué tanta es la luz de luna.. y es entonces cuando recuero mis sagradas fábulas.. y mi eterno conejo… aquel que siempre busco en las noches de luna llena.

A veces quisiera tener compañía.

Y a veces el teléfono no es tan adorado.
Me hubiera gustado tenerte en mis brazos.

No he escrito nada parecido hasta el momento.